Wednesday, September 15, 2010

Dirige tu mirada al oceano

No soy una mujer de lágrimas fáciles, pero los que me conocen saben cuánto me puede llegar a conmover un sentimiento como el triunfo!!! Gracias Dios porque lo logré.

Saturday, August 28, 2010

Una historia de motel

"Prometo pero no meto" le había dicho él. Ella fingió que lloraba cuando él la penetró. Eyaculó casi a los cinco minutos y las próximas dos horas que pasaron en 'Luna de hiel', él la arrinconó contra una pared, la haló del pelo y le susurró inmundicias al oído.

Tres años después, en 'Oceano de piedra', ella le confesó que en su viaje a Villa de Leyva se había enamorado de un Español, y él que llegaba de Chile, le confesó que se había enamorado de una adolescente... La penetró y eyaculó a los cinco minutos. Se vistieron y se dijeron adiós para siempre.

Thursday, August 26, 2010

El vicio de los hombres

Después de 17 años en los que al despertar y abrir los ojos siempre había encontrado a alguien a su lado, ahora parecía abismal su ropero.

Su vida había sido robada y tuvo que recuperarla. Fueron muchos los vericuetos, las trampas, los cebos y las jaulas que la vida interpondría entre sus sueños de libertad y la construcción de una vida hecha a mano. Su peor castigo habría sido su belleza, pensó alguna vez, así como la llave a una vida que su ambición le dictaba que le pertenecía.

¿Por dónde se inicia una historia?

Saturday, August 07, 2010

Volver

Existen hombres que tienen su poder en el 'Dios glande', en el poder de su sexo. Pero generalmente suelen ser torpes y fracasados… Hay otros que lo ejercen en su talento; aquellos sueñan con trascender y dejar un legado sin fronteras… que su nombre tenga un eco en el tiempo. Mujer, ¿cuál prefieres tú?

(También existen los futbolístas).

Sunday, March 28, 2010

El precio de la verdad

"La indiferencia es tu mejor amiga", le habría dicho María Elena. Ella llora porque despide su inocencia. Hasta ahora siempre había jugado con la verdad. Lucía solía ser franca, transparente con sus deseos. Nunca entendió por qué para sus amantes había sido tan difícil entender su forma de amar, pues era básica, coloquial y simple como un globo. Le gustaba el sexo, huir cuando el dolor asomaba por la ventana, manejar a ningún lugar, enfadarse cuando no se sentía el centro de atención, que la sorprendieran y poder irse y regresar cuando lo quisiera. Al fin de cuentas, ¿no era lo que todos querian también? Pero, luego de tantos besos, pieles, vergas, caricias, sonrisas, tiempo y amor... tuvo que aceptar que todos tenían la razón. Había que jugar, era necesario fingir. Conquistarse es simplemente llenarse de estrategias y vestirse de algo que no se es, para luego descubrirse con la luz apagada.

Wednesday, September 17, 2008

Lydia de Toro

Desde el principio la perturbó su vulnerabilidad. Él no tenía pretensiones de alardear... Sólo quería descubrirla. Ella, sólo pensaba en el tamaño que alcanzaría su verga cuando estuviera totalmente dura... Él, solía contemplarla y sonreír. Se tomaba el tiempo para saborearla.

Lydia lo había planeado todo. Era imposible resistir el deseo de venganza que le había producido su rechazo. Esa día, ella compró una vulgar prenda íntima. Era un diminuto hilo dental que amarraba a cada lado de sus caderas. No entendió por qué, pero algo la había impulsado a que fuera blanco...

Esa noche entró a su bañera, exfolió su piel, la llenó de miel, depiló sus piernas y se quitó del coño cualquier rastro bello... Ella y una niña eran la misma cosa... Ella tan limpia, ella tan dulce... ella tan pura... ella tan puta. Como si los rastros de verga pudieran quitarse con agua y jabón. Pero no. Esos se quedan en la cabeza y adheridos a las paredes de la vulva. Cada verga tiene una piel distinta, una forma de rozar particuliar; de penetrar y pujarte, y una única forma de vomitarte dentro. De hecho, es tu coño el que se acomoda, el que se amolda.

Arrancó la noche con otros. En un bar bailó con un par de idiotas que una de sus amigas le había llevado para presentarle. Nada que valiera la pena. Nada que la hiciera desconcentrarse de su objetivo. Jugó, flirteó, sudó y dejó ver sus nuevas 'tanguitas' que salían de su descaderado, se calentó y huyó... Salió rumbo a la casa de su toro.

Lydia se había prometido que esa noche sería su gran faena.. Esperó dentro de su auto que llegara la madrugada. Pero algo estaba mal. Ella sentía asustarse. No podía dejar de fumar y jugaba con el botón de las luces estacionales que parecían dictarle el ritmo al que debía latir su corazón (taca, taca, taca, taca)... La puta estaba ansiosa.

Las ganas entrecortaban su aliento y no tuvo más remedio que bajar de su auto y caminar hacia el apartamento del toro. Al fin de cuentas era mejor hiperventilar por el jadeo y no por el pánico.

Timbró y una mujer abrió la puerta. Lydia se quedó petrificada. La miró por segundos y no pudo decirle nada. La mujer se quedó ahí plantada sin pronunciar una palabra, con un dejo estilizado y con aires de dueña de casa, mientras ella terminaba sus catastróficas elucubraciones: "Mierda está con otra... Mierda por qué no me dijo que tenía novia... Mierda porque todos son unos hijueputas... Mierda pero quién te manda... Pobrecita yo... Pobrecita tan solita. Pobrecita se quedó vestidita... Pobrecita... y las tanguitas". La mujer rompió el hielo. La miró con una sonrisa maliciosa y le dijo: "Seguí". Ella entró con putería; una mezcla de ira, pero sin despojarse de la puta.

En la sala encontró a un par de amigos que jugaban no sé qué magnates de mesa. Ella se calmó y lo entendió todo.

Con los ojos clavados en las pupilas dilatadas del toro ella se deslizó hasta donde él estaba. Él se levantó con la seguridad del que espera a quien debe llegar. La tomó de la mano y la sentó sobre sus piernas. Desde ese momento ninguno de los dos volvió a abrir la boca.

La partida siguió y entre una y otra ronda de trago, cigarro, risas, suspiros, miradas, pérdidas y ganancias, el ambiente se fue calentando... Sus amigos, que ya estaban borrachos, percibieron las ganas de sexo que rondaba por el aire.

Ella grandota, buenota, arrechota, quiso tomar dominio de la situación. Se levantó de sus piernas y acompañó a los amigos a la salida... Los despidió con la autoridad que le daba estar ahora de este lado de la puerta. La cerró despacio pero con firmeza. De regreso comenzó a hablar desde el corredor mientras contemplaba los cuadros colgados en la pared. De pronto, observó que ellos estaban firmados por una mujer: Lya.

... "Ve... qué bonita tu casa... Ve... que claro que se nota la mano de una mujer". Ya cerca: "que claro la sala". ¿Por qué viniste? Espetó él... "Porque me imagino que tu habitación debe ser un desastre, no?" Interrumpió ella. "Porque no me das un cigarro". Continuó Lydia. "Que cómo te parece que estoy... Que me arreglé para vos... Que compré algo que quiero mostrarte"... (Mientras en su cabeza sola rondaba: "Que otra vez no me vas a rechazar maldito. Que no es cuando vos querás... es cuando yo quiera").

Lydia se abalanza. Él sentado aún. Ella cruza una de sus piernas como si quisiera montar un pony y se para sobre él. Con sus rodillas, le aprieta los muslos y desciende procurando que la boca del toro roce una de sus tetas y asegurándose de que su descaderado queda lo suficientemente abajo para que él pueda contemplar su hilo dental en caso de que quiera acariciarle el culo.

..."Desde aquí te ves más linda", dijo él. Ella se desliza muy cerca, gira su cabeza y lo besa despacio en el cuello. Sube lento por su barbilla hasta sus labios. Recorre su rostro hasta sus oídos y le susurra: "Metéme en tu cuerpo. Digo, en tu cuarto". Él la toma de las caderas acercándola a su verga, se levanta y la levanta... "Lydia no quiero lo mismo de siempre. Ya me cansé". Ella suspendida y enredada en sus caderas le desabotona la camisa, lento. Luego, sube su blusa y deja sus tetas al aire y en un acto impulsivo pega su tronco al de él. Él la abraza.

La lleva cargada (como ella siempre lo soñó) a su habitación. La acuesta sobre la cama y se sienta en el piso. Desde allí la observa. A la sombra de la luz de la luna, ella se percata del brillo de sus ojos grandes y logra adivinar ese dejo de nobleza en su rostro que lo hace parecer de aquellos hombres que ponen la otra mejilla. El toro, más vulnerable que nunca, le despierta una ternura que casi empalaga y de la que sólo puede despegarse con ironía: "¿Qué... no te dan permiso de tirar en tu casa?". Él la mira y se le abalanza encima: "Yo no soy ningún huevón". Ella lo recorre con sus ojos, mientras tantea el bulto que sobresale de su pantalón.

Ahora, en un acto de desobediencia, Lydia lo empuja y lo retira de encima suyo. Se levanta y comienza a husmear en sus cosas. De pronto, la invade un deseo incontenible de querer quedarse en cada una de ellas, de querer llevarse todo lo que hay allí. Amó las camisas en su armario, amó su cama, su televisor y hasta el cenicero de bambú, que alguien le trajo de algún lugar. Amó los segundos allí y el aire que sólo le permitió enceguecerse.

Giro y se sentó junto a él. El rostro del toro estaba tan perturbado que Lydia sintió celos de que otro sentimiento pudiera arrebatárselo... -"No otra vez... Esta vez no", pensó. Así que volvió a arremeter.

Empezó a desvestirse tratando de llevar el ritmo que sus propias curvas le daban al dejar caer sus prendas, eso sí, sin quitarse sus 'tanguitas'. Esas que quería que él desamarrara, sin pensar que le desamarraba el alma y el dolor.

Siguió provocándolo hasta que él dejó salir el toro que no sólo hacía alarde a su apellido: "Yo soy un hombre". Se abalanzó sobre ella y la acostó en la cama. Ella empezó a besarlo fuerte y rápidamente quiso desabrochar su pantalón. El la besó despacio. Sus muslos temblaron cuando la estacó y entre gemidos sólo pudo decir: "Lydia de Toro".

Ella esa noche comprobó que es mentira lo que dicen acerca de que las primeras veces son una mierda. Claro que lo son... Claro que lo habían sido y lo seguirían siendo si no se estaba dispuesto a entregarse.

Copularon como lo hacen los caracoles. Jamás se apartó de su cuerpo. La amó sin racismos sin xenofobias, sin fobias, sin obvias, sin visas y... ¡Zas!... En un eterno abrazo entre el sexo, sudor y lágrimas, ella le pidió que mientras la amara... jamás la dejara ir.

Saturday, June 14, 2008

El primer premio

El 2008 ha sido un gran año para mí. Viajé por primera vez a USA, Atlanta fue lo primero que vi de mi sueño americano, conocí Sao Paulo, cambié de carro y el pasado jueves, recibí mi primer premio de periodismo que me llevará a Perú por 8 días. A mis 29 entendí, porque lo vivo, que el amor se construye.

Trabajo como editora y es algo que realmente me gusta hacer. Mi hija ya tiene 13 y crece como nadie. Confieso que a veces le temo. En fin, todo parecería andar bien sino fuera porque el sistema y la vida laboral parecieran empujarme a un molde del cual no quiero formar parte.

Un ejército de seres de este 'pseudosistema' que se empeñan en deshumanizarme. Yo quiero resistirme; resistirme a la agudeza de sus tentáculos, no quiero ser otra. No quiero ser prisonera de la mentira que se teje a diario. No quiero etiquetarme con la idea de que ser mala persona e insensible, es algo normal que hace parte del ímpetu del triunfo.

Me han pedido que haga parte de sus filas. Que contemple la explotación como un simple acto de enseñanza y aporovechamiento de la energía de unos jóvenes fuertes y capaces de trabajar hasta reventarse. Que no importa si tienen vida o no. Que no importa si la falta de tiempo los consume y los enferma y que menos importa si en sus horas de esclavitud quizás, dejan escapar el amor, porque al fin de cuentas nadie se muere de amor y un buen amor se consigue a la vuelta de la esquina. Se burlan de mí porque suelo saludar, despedirme y detenerme para preguntar: '¿Cómo está?'... Me piden que tenga mano firme (¿no les suena a eslogan político? A mí si me recuerda algo... Lástima que el recuerdo no sea lo del corazón grande).

Hoy me siento inconforme. Hoy siento rabia con no sé quién... Con el H.p que se inventó que debíamos triunfar, tener dinero, ser felices, conservar un cuerpo esbelto, tener el último carro y hasta aplicarnos botox para que no se nos noten las huellas.

Tengo 'empute' con el que se inventó que no me debo quejar, que debo resistir y sonreir cuando quiero llorar y que además, debo agradecer que tengo trabajo. Porque mientras yo me reviento 500 horas para poder pagar mi tarjeta de crédito, mi jefa paga su casa de mil millones. Un lugar que se le llena de telarañas porque nunca tiempo de disfrutarla, allí sólo duerme.

Tengo 'empute' porque a alguien de este subdesarrollo se le ocurrió perseguir el ideal gringo y desde ese entonces debo dejar de disfrutarme sólo para que mi jefa, más levantada que yo, no tenga que volver a tomar jugo de tomate de árbol como cuando era niña y pueda comprar sus litros de Coca Cola Zero.

Por ahora sólo tengo una duda... ¿Cómo entro con la de ellos y me salgo con la mía?