El primer premio
El 2008 ha sido un gran año para mí. Viajé por primera vez a USA, Atlanta fue lo primero que vi de mi sueño americano, conocí Sao Paulo, cambié de carro y el pasado jueves, recibí mi primer premio de periodismo que me llevará a Perú por 8 días. A mis 29 entendí, porque lo vivo, que el amor se construye.
Trabajo como editora y es algo que realmente me gusta hacer. Mi hija ya tiene 13 y crece como nadie. Confieso que a veces le temo. En fin, todo parecería andar bien sino fuera porque el sistema y la vida laboral parecieran empujarme a un molde del cual no quiero formar parte.
Un ejército de seres de este 'pseudosistema' que se empeñan en deshumanizarme. Yo quiero resistirme; resistirme a la agudeza de sus tentáculos, no quiero ser otra. No quiero ser prisonera de la mentira que se teje a diario. No quiero etiquetarme con la idea de que ser mala persona e insensible, es algo normal que hace parte del ímpetu del triunfo.
Me han pedido que haga parte de sus filas. Que contemple la explotación como un simple acto de enseñanza y aporovechamiento de la energía de unos jóvenes fuertes y capaces de trabajar hasta reventarse. Que no importa si tienen vida o no. Que no importa si la falta de tiempo los consume y los enferma y que menos importa si en sus horas de esclavitud quizás, dejan escapar el amor, porque al fin de cuentas nadie se muere de amor y un buen amor se consigue a la vuelta de la esquina. Se burlan de mí porque suelo saludar, despedirme y detenerme para preguntar: '¿Cómo está?'... Me piden que tenga mano firme (¿no les suena a eslogan político? A mí si me recuerda algo... Lástima que el recuerdo no sea lo del corazón grande).
Hoy me siento inconforme. Hoy siento rabia con no sé quién... Con el H.p que se inventó que debíamos triunfar, tener dinero, ser felices, conservar un cuerpo esbelto, tener el último carro y hasta aplicarnos botox para que no se nos noten las huellas.
Tengo 'empute' con el que se inventó que no me debo quejar, que debo resistir y sonreir cuando quiero llorar y que además, debo agradecer que tengo trabajo. Porque mientras yo me reviento 500 horas para poder pagar mi tarjeta de crédito, mi jefa paga su casa de mil millones. Un lugar que se le llena de telarañas porque nunca tiempo de disfrutarla, allí sólo duerme.
Tengo 'empute' porque a alguien de este subdesarrollo se le ocurrió perseguir el ideal gringo y desde ese entonces debo dejar de disfrutarme sólo para que mi jefa, más levantada que yo, no tenga que volver a tomar jugo de tomate de árbol como cuando era niña y pueda comprar sus litros de Coca Cola Zero.
Por ahora sólo tengo una duda... ¿Cómo entro con la de ellos y me salgo con la mía?
Trabajo como editora y es algo que realmente me gusta hacer. Mi hija ya tiene 13 y crece como nadie. Confieso que a veces le temo. En fin, todo parecería andar bien sino fuera porque el sistema y la vida laboral parecieran empujarme a un molde del cual no quiero formar parte.
Un ejército de seres de este 'pseudosistema' que se empeñan en deshumanizarme. Yo quiero resistirme; resistirme a la agudeza de sus tentáculos, no quiero ser otra. No quiero ser prisonera de la mentira que se teje a diario. No quiero etiquetarme con la idea de que ser mala persona e insensible, es algo normal que hace parte del ímpetu del triunfo.
Me han pedido que haga parte de sus filas. Que contemple la explotación como un simple acto de enseñanza y aporovechamiento de la energía de unos jóvenes fuertes y capaces de trabajar hasta reventarse. Que no importa si tienen vida o no. Que no importa si la falta de tiempo los consume y los enferma y que menos importa si en sus horas de esclavitud quizás, dejan escapar el amor, porque al fin de cuentas nadie se muere de amor y un buen amor se consigue a la vuelta de la esquina. Se burlan de mí porque suelo saludar, despedirme y detenerme para preguntar: '¿Cómo está?'... Me piden que tenga mano firme (¿no les suena a eslogan político? A mí si me recuerda algo... Lástima que el recuerdo no sea lo del corazón grande).
Hoy me siento inconforme. Hoy siento rabia con no sé quién... Con el H.p que se inventó que debíamos triunfar, tener dinero, ser felices, conservar un cuerpo esbelto, tener el último carro y hasta aplicarnos botox para que no se nos noten las huellas.
Tengo 'empute' con el que se inventó que no me debo quejar, que debo resistir y sonreir cuando quiero llorar y que además, debo agradecer que tengo trabajo. Porque mientras yo me reviento 500 horas para poder pagar mi tarjeta de crédito, mi jefa paga su casa de mil millones. Un lugar que se le llena de telarañas porque nunca tiempo de disfrutarla, allí sólo duerme.
Tengo 'empute' porque a alguien de este subdesarrollo se le ocurrió perseguir el ideal gringo y desde ese entonces debo dejar de disfrutarme sólo para que mi jefa, más levantada que yo, no tenga que volver a tomar jugo de tomate de árbol como cuando era niña y pueda comprar sus litros de Coca Cola Zero.
Por ahora sólo tengo una duda... ¿Cómo entro con la de ellos y me salgo con la mía?

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