Un regalo de Dios
El día en que hizo su primera comunión, madrugamos a la peluquería. Sammy, el peluquero, intentó hacer un globo con su cabello. Ella se reveló y dijo que no le gustaba ese peinado. Me parecía demasiado niña para poder creerle que era lo que, según su criterio, le iba mejor y qué no. Pero lo hicimos a su manera. La llevé a otra peluquería y salió sonriendo del lugar con unas diminutas flores adheridas a una trenza que le rodeaba la cabeza.
Fue la más linda de todas las niñas, y sé que cada una de las madres piensa lo mismo de de cada una de sus hijas, pero fue cierto. Entró cantó, participó y "recibió en cuerpo a Jesús". Yo no paré de llorar y de pensar que mi niña iba creciendo. Ahora tiene 11, ya casi 12. Es fuerte. Siempre consigue lo que se propone y tiene muy claro que, aunque ame demasiado hay un límite hasta donde entregarse. Su orgullo es noble y cede a pesar de sí misma. Su corazón es del tamaño del mar y sabe pedir perdón cuando actúa mal. Sé que quisiera ser más mala de lo que puede ser, pero es mi hija y la enseñé bien. Ay Manuela que catarata de cosas lindas eres tú.
Fue la más linda de todas las niñas, y sé que cada una de las madres piensa lo mismo de de cada una de sus hijas, pero fue cierto. Entró cantó, participó y "recibió en cuerpo a Jesús". Yo no paré de llorar y de pensar que mi niña iba creciendo. Ahora tiene 11, ya casi 12. Es fuerte. Siempre consigue lo que se propone y tiene muy claro que, aunque ame demasiado hay un límite hasta donde entregarse. Su orgullo es noble y cede a pesar de sí misma. Su corazón es del tamaño del mar y sabe pedir perdón cuando actúa mal. Sé que quisiera ser más mala de lo que puede ser, pero es mi hija y la enseñé bien. Ay Manuela que catarata de cosas lindas eres tú.

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