Saturday, May 05, 2007

Hermanas de Leche

A parte de haber compartido el vientre que nos albergó por nueve meses, el conducto vaginal que nos parió, la cama en la que dormimos hasta los 12, una que otra vez la ropa, y el o+ que nos corre por las venas, yo pensaba que no teníamos nada más en común. Pero no.

No puedo decir que hayamos tenido la relación más estrecha e intensa del mundo. Tampoco hemos sido la apología de Caín y Abel. Pero ultimamente hemos aprendido a querernos y la certeza de la amistad y la hermandad comienza a palpitar en nuestro ADN.

Ayer, luego de estar ocho días en Cali me llamó. Me pidió que nos viéramos y yo, que ya la extrañaba, le dije que si. Me alegré al verla. Le pedí que esperáramos que terminara el pico y placa y mientras pasaba el tiempo, la invité a tomar un café.

Ella y yo hablábamos de cualquier cosa. De repente sus ojos se abrieron más de la cuenta y soltó algo así como un: Ay ese tipo... Quién, cuál... el alto. Yo giré y lo vi. Sonreí y le pregunté si lo conocía. Me dijo que sí. Yo, que ya podía predecir lo que venía, solté una carcajada tan amplia que hubiera podido tomar fotos a mis adenoides.

Claudia rigida, claudia disciplina, Claudia casta y pura, claudia hija de Martha Senn... enredada en las piernas del doctor receta: unas cuantas aplicaciones terapéuticas cannabinoides. Jajajajajaja. Era casi imposible pero era. Y era y fué. Al igual que yo cuatro años antes de ayer y después de ella. No lo podía creer. El destino se encargó de fundirnos en la misma piel. En el mismo apartamento, en la misma cama, a mí, a ella, a nosotras.

Ella me miró y me preguntó si yo también me había enredado con él yo le dije que si, que alguna vez lo había besado y deseado.

Me contó que lo conoció en el trabajo. Yo en cambio en un extraño lugar de mala muerte de la ciudad.

Hablamos de su psicorrigidez, de sus piernas de zancudo y claro, no hubo muchos detalles del polvo, Claudia es la mujer más discreta que haya existido. Si llegas a contarle algo, en ella mueren tus secretos. Tus palabras se esfuman y se desintegran en sus células. Al final de la eterna carcajada, ella lo resumió todo con un: ¡Ve! le gustaron las hermanas.