Thursday, October 26, 2006

A MARÍA

El instinto, la capacidad de leer entre líneas y el buen oído, son cualidades que para mí poseen las personas inteligentes. Los más grandes. Sí, ya nos lo dijeron: Sensibilidad y una alta dosis de locura. También ¿por qué no?

El instinto te lo regala el miedo, el peligro, la osadía, pero también la piel y los ojos, que como ya nos lo reveló Aury, son nuestras ventanas. La capacidad de leer entre líneas, la descarada creatividad y la desmesurada permisividad al fantasear, pero también el agudo olfato de la desconfianza. El buen oído, te brinda la capacidad de acoplamiento, la posibilidad de camuflarte y seguir a otros.

María enséñame: Por qué corres...
María cuéntame: Por qué te gusta más lo que no se dice...
María cántame: Y el mar que estaba embravesido prefiere no mirar...

Sunday, October 15, 2006

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Hoy regresé de ver a mi papá. Viajé por una hora a un pueblo pequeño, anquilosado en el tiempo, en el que se conjugan el odio y la nostalgia. En ese lugar mi vida se partió en dos, pero ese es otro cuento. Había mucho neblina y por diez centímetros casi termino en un precipicio. Ahora él tiene una nueva familia, idéntica a la mía. Idéntica a la que yo recuerdo cuando era una niña. Una esposa, dos hijas y un hijo. Idéntica pero distinta. Ahora no parece haber violencia. Ahora hay una paciencia y un modo de ternura particular. Pareciera existir la voluntad de redimir el pasado y hacer las cosas mejor. Mi papá tiene 57 años, su hijo menor 7 meses. Hasta ahora siempre me había producido lástima su nueva vida. Lástima pensar que un hombre mayor como él, no tiendría la verraquera para empezar de nuevo. Pero debo reconocer que aunque cada vez su pelo se ponga más blanco, su espíritu y su ímpetu renacen proporcionalmente. Acaba de comprar una finca pequeña, siembra una huerta. Termina de construir su casa, y como nunca deja el comunicador que lleva adentro, continúa haciendo la revista semestral de la región y acaba de fundar el periódico del pueblo.

Ay papi ha sido tan difícil entenderte. Parecías tan egoísta, pero siempre te entregaste... y lo sigues haciendo.

Monday, October 09, 2006

ODIO

Odio los seres que a pesar de su humanidad intentan fingir y hacerse los hijueputas, los malos. Los odio porque son los más mediocres. No aman, no odian. Son una sarta de cagados del susto. Y no es que no les nazca hacerlo, odiar o amar, es sólo que se vuelven torpes en el afán de negárselo, de ocultarlo. Entonces cuando deben ser amorosos y misericordiosos, optan por ser tiranos y abyectos, y cuando deben ser duros e implacables cualquier asomo de sensiblería lastimera los derrumba y aniquila.

Hasta cuándo mantendrán el velo en la lógica y la razón. No se dan cuenta de que son dos caras de la misma moneda... (Y esto es del Tao, no de Horacio Calle).

Ahora debo preguntarme... ¿Será que a esos seres son los que estoy amando?

"El hombre trasciende cuando ama... a pesar de sus ideas..."

ADIOS ALAPE

Apareciste en mi vida en el momento en que terminaba mi carrera. Me enseñaste que antes de realizar cualquier escrito debía el autor indagar por las motivaciones que lo llevaban a hacerlo. Contemplaba en tu rostro el astío que sentías ante la mediocridad de "los jóvenes de ahora", como tu los llamabas, la rabia por su falta de interés y de patriotismo, y una nostalgia perenne por tu país como si extrañaras algún pasado mejor, que tampoco sé, si Arturo insurgente, comunista, militante, periodista, historiador, artisa, exiliado, padre, maestro... vivió. Me vendiste libros que me dedicaste. Conversamos, develamos, intimamos y de tu mano y a regañadientes me gradué. Hoy no sé si te aproveché del todo, no suelo arrepentirme de lo que no hago. Sé que trascendiste en mi vida... Que guardo las notas de tus clases y un cassette con tu voz... Que leí y terminaré de leer tus libros... Que recordaré tus ojos, tu sonrisa... Tus piropos a tu paisana caleña... Y quizás cuando pronuncie el nombre del hijo que algún día tendré, me acordaré de ti Arturo.

Monday, October 02, 2006

ESTRUCTURA PARA UNA HISTORIA DE FRICCIÓN

CONFLICTO:
HOMBRE VS HOMBRE

PREMISA:
Sino puedes con el enemigo confúndelo…
La inocencia nada tiene que ver con la ingenuidad…
La supervivencia es cuestión de instinto…

PLANTEAMIENTO:
El ajetreo en sus caderas la hace despertar. Intenta abrir sus ojos pero sus párpados pesan demasiado. Quiere hablar pero la resequedad en su garganta no le permite ni despegar los labios. Por unos segundos piensa que aún está atrapada en un mal sueño, pero al instante, una sensación de malestar le da una idea vaga de que se trata de su peor pesadilla. Percibe que su cuerpo se sacude. Con mucho esfuerzo logra abrir sus ojos pero su visión es borrosa, ahora escucha algunas palabras que no alcanza a atar, alguna música que pareciera tararearse en su mente. En las siguientes milésimas de segundo, cree ver desdibuja la imagen de Xavier encima suyo, y allí es cuando la laguna mental comienza a evaporarse. El recuerdo transcurre denso y rápido:
Lya camina por la zona rosa de Bogotá contoneando su culo modelo 79. Maquillada, peinada, perfumada, apretada. Deja su carro en un parqueadero y camina hacia “Bulldog”, una de las discotecas del lugar, allí pretende encontrarse con su nueva amiga Betty “la linda”. Cuando sube por la calle 82 llama su atención un grafitti: “En caso de violación relájese y disfrute”. Al lugar también llega el esposo de Betty, Xavier, un cantante de orquesta con ínfulas de menudo, quien suele adaptar canciones de Christian Castro en versión salsa: Azul… Azul…Azul, canta en algunos episodios de la conversación. Azul… Azul… Azul…es el coro que ahora retumbaba en sus oídos y le hace alucinar que es Xavier quien se masturba en medio de sus piernas.

DETONANTE:
Sintiendo un cansancio ajeno logra susurrar:… No Xavier… No… y una estruendosa carcajada la hacen por fin recobrar la conciencia. Lya siente pánico. El hombre que la penetra no es Xavier, ni ninguno que ella hubiese visto antes, tampoco su voz le es familiar. Bruscamente intenta apartarlo y quitárselo de encima, preguntándole: ¿Quién es usted? Pero él con los ojos llenos de odio murmura lento: “…No me jodas puta de mierda porque te mato de una vez…Pero antes de que te coman los gusanos te como yo…”.

CUESTIÓN CENTRAL:
¿Podrá Lya escapar de su agresor y salir con vida de ese lugar?

PRIMER PUNTO DE GIRO:
Lya quiso llorar. Pero no. Rápidamente una frialdad sin moral se apodera de su miedo y con voz suave y dulce responde: “Tranquilo miamor es que no me acordaba de ti… tengo algunas lagunas…”. Él sonríe e intenta volver a montarla. Lya lo detiene: “Espera… Espera… Igual, pues tú y yo casi no nos conocemos… Tú no sabes cuántos hombres me he comido yo… Por qué mejor no te pones un condón y…así te protejes”. Él da media vuelta y saca de su mesa de noche el preservativo. Lya aprovecha para dar un vistazo a su alrededor pero no logra reconocer nada, ni el olor, ni los mubles, ni los militares que aparecen en las fotos colgadas en la pared, ni su espalda, ni su culo, ni nada. Mientras se pone el condón, Lya piensa que es la verga más horrible que jamás haya visto, siente asco. Él la mira y ella sonríe. Pregunta sugestiva: “…No me habías dicho que eras militar…” Él, acabando de ponerse el condón, la toma por el cuello y la penetra. La ensarta. Durante el tiempo que él se sacude, ella continúa hablando entrecortada: “…Me vas a cuidar vedad…Esa es tu misión… Protegerme…”. Mientras él termina y ella finge uno que otro gemido, se percata del vaivén de una cadena de oro que cuelga de su cuello, y que lleva por dije un nombre: Jackson. Jackson se viene, se levanta y se sienta en la esquina de la cama. Silencioso, pensativo. Lya se levanta apurada, toma su ropa tirada en el piso y se viste. Cuando va saliendo del cuarto Jackson la detiene: Ey pontichica a dónde vas… Ella gira despacio y en medio de sus ojos se posa el cañón que le apunta.

SEGUNDO PUNTO DE GIRO:
“…Cómo sabes que estudio en la Ponti…” Pregunta Lya quien, aunque intenta mantener una postura gélida, se desploma y vomita. “…Maldita perra, mire como volvió la alfombra…”. Grita Jackson y sale de la habitación. Lya, juiciosa, se quita su chaqueta y limpia el vómito. Sale del cuarto. Lo encuentra en la sala vestido. Se ha puesto un Slipping rosado de ositos y unas babuchas en forma de garras. Le pide a Lya que se siente enfrente de él. Sobre la mesa de la sala hace líneas de cocaína y las huele. Su rostro se deforma. Toma el teléfono y llama a una mujer. Comienza a llorar, le pide que lo perdone y enseguida le pide que no cuelgue. Ella cuelga. Él arranca el teléfono y lo estrella contra la pared muy cerca del rostro de Lya. “Todas ustedes son iguales. Al principio se mueren por uno y cuando uno ya las quiere a ustedes se les acaba el amor… Que ego tan hijueputa”. “…No es el ego… es el vicio…” Contesta Lya. “Para cuando a ustedes les da por enamorarse ya uno está lo suficientemente desgastada, ya se ha tenido que aguantar demasiadas cosas… Ya está viciada”. “… Y por eso deciden volverse lesbianas o putiarse como usted…”. Pregunta Jackson. “…Yo no soy una lesbiana ni una puta” Responde ella. “Y si es tan decente por qué la tratan como si lo fuera…”. Lya calla sorprendida, el extraño pareciera saber algo que ella no conoce “…Usted entró al baño con su amiga…luego el marido entró y las vio ahí tiradas… salió diciendo que eran lesbianas y ella salió detrás de él…algo deberían estar haciendo…” Afirma Jackson. “…Ella y yo no hicimos nada. Yo la estaba ayudando a pararse. Betty estaba muy borracha y se cayó al piso… por eso no tuve tiempo de abrocharme el pantalón”. “…Lo que nunca entendí fue por qué se emborrachó tan rápido…” Pregunta Lya. “… Porque yo la drogué. Y a usted también, y si no hubiera sido porque me la traigo pa’ la casa, la coge la traba por ahí en la calle como a una perra...” Lya intenta correr hacia la puerta. Jackson toma el arma y dispara.

CLIMAX:
Lya se queda quieta inmóvil. Una sensación de frío baja desde su cabeza a la punta de sus pies y en sus oídos se instala un pito ensordecedor. Cae al piso una bala que ha dejado en la puerta una hendidura. Es blindada. Aclara Jackson. Lya deja clavada la mirada en la puerta y sin voltear habla “…Gracias por salvarme la vida… Tienes razón no sé qué hubiera hecho sin ti. Hace dos meses me separé y sólo salí a tratar de despejarme un poco...”. -“…A mi me importan un culo sus penas de amor” Grita Jackson… “Ahora no la puedo dejar ir… Yo soy piloto de presidencia… Yo transporto a los hijos de Uribe y cualquier chisme podría perjudicar a mi presidente… Así que le tocó morirse…” Lya llora y le pide que no le haga daño. Él toma un cojín del sofá y se lo pone en el pecho. Suena un celular. Jackson mira el número que aparece en la pantalla. Maldice. Contesta: “…Si mi presidente ahora mismo salgo para allá… No se preocupe…” Lya aprovecha y corre al citófono: “…Ayúdeme por favor este tipo me va a matar sáqueme de aquí. Usted tiene que ayudarme y sino lo acuso de secuestro..”. Le grita al portero. Jackson: “…No mi presidente son unos vecinos que andan peleando…” Lya suelta el citófono y empieza a gritar: “…Ayúdeme presidente Jackson me va a matar…” Jackson le apunta. El portero sube y se pega del timbre. Jackson en medio de la traba se traba y no sabe cómo actuar. No le queda más remedio que abrir la puerta, Lya sale disparada.

RESPUESTA A LA CUSTIÓN CENTRAL:
Sí. Lya logra sobrevivir.

DESELANCE:
Lya baja unas escaleras. Llora, grita, son instantes frenéticos y desquiciados. Logra llegar a la portería, allí aparece una mujer de unos cuarenta años, que le ordena que se calme, que hay gente durmiendo, que deje el escándalo. Ella le cuenta lo ocurrido, le dice que jamás ha visto a ese hombre y que no sabe cómo llegó a este lugar. La señora continúa tratándola despectivamente, pareciera importarle más la vergüenza que la vida de la joven. Lya pide que le abran la puerta, que la dejen salir. La mujer contesta que no. Que no hasta que Jackson lo autorice. Afirma que es un edificio de seguridad, que todos los que allí viven son militares y deben conocer muy bien quien entra y quien sale, que quizás ella es alguien que está fingiendo todo este espectáculo. Jackson aparece, habla con la señora. Le dice que ella es sólo una amiga suya y que se pasó un poco de tragos. Lya no aguanta más y se desploma en el piso, llora. En medio de los espasmos que le produce el llanto indaga por su carro. El portero en un acto heroico, pide disculpas a los propietarios. Asegura que el no puede permitir lo que le están haciendo a esta joven. Cuenta que él también tiene hijas y no las imagina en esta situación. Pide a Lya que lo acompañe, la lleva a un segundo sótano. Allí esta su carro, él le entrega las llaves. En su interior encuentra su bolso, no sus papeles. Arranca. Jackson se para en la mitad le advierte que no olvide su rostro, que no le perdona la vergüenza que lo ha hecho pasar y amenaza con buscarla. Lya hunde el acelerador y él vuela sobre el capó del auto. Lya huye.