UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD
Hoy regresé de ver a mi papá. Viajé por una hora a un pueblo pequeño, anquilosado en el tiempo, en el que se conjugan el odio y la nostalgia. En ese lugar mi vida se partió en dos, pero ese es otro cuento. Había mucho neblina y por diez centímetros casi termino en un precipicio. Ahora él tiene una nueva familia, idéntica a la mía. Idéntica a la que yo recuerdo cuando era una niña. Una esposa, dos hijas y un hijo. Idéntica pero distinta. Ahora no parece haber violencia. Ahora hay una paciencia y un modo de ternura particular. Pareciera existir la voluntad de redimir el pasado y hacer las cosas mejor. Mi papá tiene 57 años, su hijo menor 7 meses. Hasta ahora siempre me había producido lástima su nueva vida. Lástima pensar que un hombre mayor como él, no tiendría la verraquera para empezar de nuevo. Pero debo reconocer que aunque cada vez su pelo se ponga más blanco, su espíritu y su ímpetu renacen proporcionalmente. Acaba de comprar una finca pequeña, siembra una huerta. Termina de construir su casa, y como nunca deja el comunicador que lleva adentro, continúa haciendo la revista semestral de la región y acaba de fundar el periódico del pueblo.
Ay papi ha sido tan difícil entenderte. Parecías tan egoísta, pero siempre te entregaste... y lo sigues haciendo.
Ay papi ha sido tan difícil entenderte. Parecías tan egoísta, pero siempre te entregaste... y lo sigues haciendo.

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